28 de junio día internacional por la libertad sexual y de género

LA ESCUELA INCLUSIVA NO ES BINARISTA

A todas las personas nos clasifican según nuestros genitales, a menudo antes de nacer y esa clasificación, en gran medida, marca las expectativas, el trato y lo que se le exigirá a la criatura recién nacida. Los seres humanos se suelen agrupar en categorias de hombres y mujeres, cuestión que provoca importantes problemas.

Para empezar, tenemos a las personas intersexuales. Tienen características masculinas y femeninas en sus genitales y es dificil para la Medicina clasificarlas en una u otro grupo. El sistema, en general, no acepta que nadie pueda colocarse fuera de una de las dos categorías y debido a eso, a muchas niños, niñes y niñas recien nacidas se les realizan cirugías de reasignación, que en definitiva son un modo de castración.

Otro grupo es el de las personas trans. Su sexo sentido no se corresponde con el que se les atribuyó al nacer, atribución mal realizada en función de sus genitales. Si esas niñas, niños y niñes salen del armario de género, deben acometer una transición social para aparecer tal como son (junto a esto pueden realizar modificaciones corporales o no). Algunas personas se indetifican con las categorías de mujer y hombre, y otras tienen una identidad de género no binaria. Por ello, las trasnsiciones son más fáciles en los centros educativos que no están tan polarizados desde el punto de vista del género y en la adolescencia estas personas no sufren tanta presión para modificar su cuerpo por medio de tratatamientos farmacológicos y/o quirúrgicos.

Hay otras personas que no coinciden con los estereotipos de género. El binarismo marca fuertemente la expresión de género y margina a aquellas que se alejan de los modelos hegemónicos masculino y femenino. En ausencia de presión binarista, cada persona expresaría su genero como deseara y no habría impedimentos para modificarlo.

También está afectado el alumnado que rompe la heteronorma. En nuestros centros hay muchas lesbianas, gays, pansexuales y asexuales, también entre el profesorado, y frecuentemente deben esconderse en el armario para no ser agredidas. La heteronorma atenaza implacablemente el modelo sexo-afectivo y por ello, un sistema fluido y no polarizado sin binarismo ayudaría a destruir la heteronorma.

Por último, todo el alumnado padece el heteropatriarcado. La educación acostumbra a perpetuar el binarismo sexual y de género y el discurso de complementareidad entre los géneros. De este modo se refuerza en el alumnado la perspectiva dicotómica, y al mismo tiempo, se afianzan las relaciones de poder del heteropatriarcado, base de la violencia machista. Los chicos deben adaptarse al modelo dominante de masculinidad y las chicas, en cambio, al modelo subordinado, para así no sufrir ni acoso, ni marginación.

La LOMCE y las leyes que derivan de ella, como Heziberri, han empeorado todavía más la situación. En muchos centros educativos la única manera que tenían de tratar contenidos que se alejaban un poco del binarismo y de la heteronorma, era a través de la signatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, pero ha desaparecido con la LOMCE. De manera simultánea, se ha promovido la doctrina religiosa, sobre todo la católica. Por ese motivo, es imprescindible derogar la LOMCE y todas las leyes surgidas a su amparo y desarrollar otro camino: la pedagogía feminista y la escuela laica.

STEILAS lleva tiempo trabajando en el camino de la pedagogía feminista. Prueba de ello son las unidades didácticas y guías que ha elaborado la Secretaría de la Mujer y el grupo LGTBIQ. Desde aquí os invitamos a utilizar estos materiales y a luchar contra el binarismo y el heteropatriarcado.

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